Empezando la rutina

img_0335Ya llevo más de un mes de estar en el Ecuador. Hace dos semanas fui con César, Patricia, Wendy y Allyssa a Tena, un pueblito en la entrada de la selva, a la orilla de la sierra. Allí disfrutamos del río y la preparación local de pescado.

Al inicio de mi tercera semana me mudé al apartamento que también sirve para el espacio de las reuniones de la iglesia de Calderón. Además de los cultos dominicales, hay un espacio para orar los martes por la mañana y estudio bíblico/conversación los jueves por la noche. Varias familias también se han juntado para jugar fútbol los domingos.

Mi rutina generalmente ha consistido en visitar a las familias que asisten a la iglesia de Calderón, conociendo sus necesidades y pruebas, preparándome para predicar u otros compromisos de la iglesia y alistándome para el curso introducción al griego. Éste será los lunes y los miércoles por la noche durante cuatro semanas. La mayor parte de la gente que yo he visitado es colombiana, familias que buscan el estatus de refugiado en Ecuador, las cuales enfrentan muchos obstáculos para obtener empleo mientras sus casos están en proceso.

Una calle por la que corro a veces (si es que tengo fuerzas para subir la loma) tiene un mirador muy bueno desde el cual si está despejado se mira todo el valle donde se ubica el nuevo aeropuerto y un nevado– creo que es el volcán Antisana o quizás Cotopaxi. Solamente necesito subir con una cámara en la mañana cuando el cielo está despejado.

Pensé sobre el privilegio un día cuando pasé la parada que buscaba del “trolebus” (buses con fuente eléctrica de energía) sin bajarme. Tuve que cruzar la carretera y pagar otra moneda de $0.25 para entrar la estación de los que van en dirección contraria. Lo mismo le había pasado a una familia refugiada hacía poco, quienes se quedaron en la ruta más de una hora para encontrar una estación que sirviera los buses de las dos direcciones para no volver a pagar. Eran varias personas con pocas monedas.

Estoy cocinando comidas sencillas, pero comer afuera es tentador, ya que se puede comprar un almuerzo ecuatoriano complete por $1.75 o $2.00. El almuerzo consiste en un caldo para empezar y el plato “seco” con arroz, ensalada y carne. Recibí el caldo de pata con un poco de sospecha aunque el caldo en sí me gustó. También por un dólar más hay un restaurante oriental/vegetariano cerca de la iglesia de Quito donde suele ir alguna gente. Se desconocen las tortillas (Centroamérica y México) y se consumen menos frijoles en comparación con otros países como Colombia. Abundan las panaderías cosa de que no tengo queja.

Hablando de comida, por accidente compré un paquete de “glumato monosódico” pensando que era sal. Probé un poco y investigué en internet hasta que me di cuenta lo que era. En inglés se conoce por las siglas MSG y tengo una asociación mental negativa con eso, sin saber mucho, así que decidí mejor no agregarlo intencionalmente a la comida.

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